Capítulo 114 — El brillo del zafiro y las sombras de la duda
Apenas el reloj de la torre marcó las nueve, el carruaje del marqués de Northfolk se detuvo frente a la residencia Derby con una puntualidad que ya no respondía solo a la cortesía, sino a la ansiedad del enamorado.
Arturo descendió con paso ligero. Vestía un traje de mañana de corte impecable, pero en su rostro había una suavidad nueva, una relajación en la mandíbula y un brillo en los ojos oscuros que los sirvientes de la casa Derby