La cena concluyó en un absoluto desastre. Leila, furiosa y con el orgullo herido, consumió una copa de vino tras otra, abandonando toda semblanza de compostura.
Mientras tanto, Cloe apenas probó bocado; su corazón estaba demasiado cargado de tristeza como para concentrarse en otra cosa.
Cuando todos comenzaron a dispersarse, Cloe se inclinó hacia Ethan, susurrándole: —¿Me darás unos minutos más para hablar con mi abuela?
Ethan, con una mirada comprensiva, asintió.
Mientras Cloe se dirigía a la