48.

Bella, temiendo que la ninfa lograra zafarse y terminara ahogando a isaak, se despidió de Anna con una mirada de auxilio y salió disparada hacia el gran comedor. Llevaba las manos cerradas en forma de cuenco frente a su pecho, donde el hadita no dejaba de patalear y soltar maldiciones en un lenguaje antiguo que sonaba como agua hirviendo.

Cuando entró al salón, Sebastian ya estaba sentado a la cabecera de la mesa. Al ver aparecer a Bella con esa expresión de pánico y las manos apretadas se puso
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