—Qué espectáculo visual, señorita Castillo. —La llegada del señor Han al frente de mi hogar no fue tardía, llegó justo cuando termine de arreglarme y salí dando mis mejores movimientos de cadera, derrochando mi alegría en una sonrisa que no se disimula con nada.
No agradecí por el halago ni mucho menos hablé, solo di una vuelta luciendo toda mi vestimenta y abrí la puerta delantera del auto, subiendo con total confianza.
—¿A dónde me llevará?
—¿Le carcome la curiosidad?
—Un poco.
—Solo déjeme