Llegamos al restaurante más grande del crucero, su aspecto elegante y oceánico nos sumerge en un mundo comparable a fantasía, cada paso que dábamos con tal de adentrarnos en este restaurante nos permitía darnos cuenta de más detalles significativos, como las pequeñas luces en forma de ballenas y las conchas marinas pintadas en las paredes.
—Qué lugar tan bonito.
—Lo es, amada mía. —mi ahora esposo dejó un beso en la palma de mi mano, guiándome hasta una mesa para dos y abriendo el asiento para