—Diosaaaa… —susurró Hecate, burlona—. Si estás mirando, mira cómo acabo con tu juguete.
—Te escucha —respondí, alzando la mano hacia la luz fría—. Pero no como tú crees.
No esperé respuesta.
Corrí.
No hacia la bruja.
No hacia Rheon.
Hacia la criatura.
Sentí cómo varios corazones daban un vuelco. Escuché a alguien—¿mi madre?—murmurar mi nombre con un filo de pánico. El humo en el suelo intentó enredarse en mis tobillos, pero la luz plateada chispeó alrededor de mis pies, quemándolo como si fuera