La noticia siguió flotando en la cueva mucho después de que Dorian dejara de hablar.
Syrah está en cinta. El heredero de Rheon.
Las palabras se habían asentado como ceniza sobre mi piel, y cuanto más intentaba sacudirlas, más se me pegaban. La fogata, reducida a brasas, lanzaba destellos anaranjados que parecían parpadear con nerviosismo. La piedra bajo mí estaba fría, pero el calor que me subía por el pecho era puro fuego.
No era por Rheon. No era por lo que habíamos tenido. Ese duelo lo viví