El segundo día después de la partida de los cinco no amaneció distinto.
Eso fue lo más inquietante.
El cielo se abrió con el mismo gris tenue de siempre, las aves cruzaron el territorio con la misma cadencia, y el viento arrastró el mismo aroma húmedo del norte. Nada gritaba crisis. Nada anunciaba ruptura.
Pero Umbra Lux ya no respiraba igual.
Lo sentí antes de verlo.
La tensión ya no era de confrontación. Era de evaluación. Las miradas no buscaban órdenes; buscaban coherencia. Las conversacion