No fue una alarma.
Tampoco fue un mensaje.
Fue una sensación breve, casi indigna de atención, un microajuste en la manera en que el territorio sostenía su propia respiración. No en los bordes. No en los pasos ocultos que vigilábamos desde hacía días. En el centro blando del campamento, allí donde nadie esperaba que algo se moviera sin ser visto.
Me detuve en seco.
No porque el cuerpo reaccionara al peligro, sino porque la mente reconoció un patrón que no encajaba.
Umbra Lux no estaba bajo amena