La mañana no trajo respuestas, pero sí una claridad incómoda.
No fue una luz distinta ni un cambio en el clima. Fue la forma en que el campamento despertó. Umbra Lux ya no se desperezaba con la torpeza de antes; no había órdenes explícitas, ni un centro evidente desde donde partieran las decisiones, y aun así todo se movía con una precisión tensa, como si el clan hubiera aceptado —sin decirlo— que el viejo equilibrio ya no era una opción segura. Observé ese movimiento desde la distancia, midiendo ritmos, silencios, miradas que se cruzaban y se retiraban sin necesidad de palabras. Syrah no estaba presente, pero su ausencia seguía reconfigurando el tablero.
No convocamos a nadie de inmediato. Esa fue una decisión deliberada. La información reciente aún no tenía bordes claros, y exponerla antes de tiempo habría sido como dibujar un mapa incompleto y pretender que otros caminaran sobre él sin caer. Caminé entre los grupos, escuché fragmentos de conversaciones, recogí impresiones sin corre