La mañana no trajo respuestas, pero sí una claridad incómoda.
No fue una luz distinta ni un cambio en el clima. Fue la forma en que el campamento despertó. Umbra Lux ya no se desperezaba con la torpeza de antes; no había órdenes explícitas, ni un centro evidente desde donde partieran las decisiones, y aun así todo se movía con una precisión tensa, como si el clan hubiera aceptado —sin decirlo— que el viejo equilibrio ya no era una opción segura. Observé ese movimiento desde la distancia, midien