—Ay, Ren... si me dieras un centavo cada vez que digas eso...
—¡DÉJAME MORIR EN PAZ!
Ren estaba medio destruido física y emocionalmente, pero había algo diferente en el aire. Calido. Seguro. El tipo de silencio después del caos que sabe un hogar.
—¿Sabes? —murmuró Hyeon, mientras recogía el frasco y la compresa—. Me gusta cuidarte. Aunque me amenaza de muerte cada cinco minutos. Realmente te extrañé.
Ren bajó un poco la manta y lo miró.
—Gracias. Por... tu ayuda de enfermero pero no vuelvas a h