No esperaba a nadie. Su corazón dio un vuelo. Caminó hasta la puerta con pasos inseguros, y al abrir, el mundo se le vino encima.
—¡Mamá… papá! —balbuceó.
Miyeon lo miraba de arriba abajo con una expresión dura, mientras Daejin ya se metía al apartamento sin esperar invitación.
—Tu profesor de estadística y otros dos nos llamaron —dijo su padre con un tono grave—. Nos informamos que llevas días sin asistir a clases.
Ren tragó saliva.
—Yo… estaba enfermo.
Daejin frunció el el.
—¿Enfermo? —repiti