Por supuesto, no había ninguna cámara. Solo la estaba poniendo a prueba.
Solté una risa fría y caminé hacia Ariadna, le agarré el cabello con fuerza y la jalé hacia atrás. El terror se reflejó en sus ojos.
—¡Aaah! ¿Qué te pasa?
La abofeteé con tanta fuerza que el sonido retumbó en toda la sala.
—La próxima vez que quieras usar un truco tan mediocre, piénsalo un poco antes.
Después de aquel ridículo, se me quitó el apetito y subí a mi cuarto.
El día del concurso, toda la familia acompañó a Ariadn