Justo al abrir la puerta, me encontré de frente con Ariadna, que subía las escaleras.
—¿Qué haces afuera de mi cuarto?
Mi corazón dio un pequeño salto, pero enseguida le sonreí con calma.
—Escuché que en estos últimos años papá y mamá te han comprado un montón de joyas. Como estoy sin inspiración para mis bocetos, pensé en pasar a ver si encontraba algo que me inspirara.
Mis palabras hicieron que la desconfianza en sus ojos se disolviera, reemplazada por un brillo de entusiasmo. Si yo volvía a d