El pequeño príncipe, que había estado actuando con tanta arrogancia hace un momento, se entristeció completamente en cuanto me vio.
—¡No viniste a casa anoche! ¡Te extrañé muchísimo!
Abracé fuertemente a mi hijo cuando llegó corriendo hacia mí, susurrándole palabras tranquilizadoras.
—Tuve que trabajar, cariño. ¿No te lo dije antes de irme? Mañana tengo el día libre. ¿Qué tal si te llevo al Bosque de la Luz de Luna para que corras libremente?
Mi precioso Sebastián asintió con entusiasmo. —¡Está