Todos los hombres lobo pensaban que mi ascenso como Reina Luna era una bendición de la Diosa de la Luna.
Pero yo sabía que en nuestra unión, Mateo y yo éramos iguales.
Adrián me veía como nada más que una Omega rechazada con suerte, pero no tenía idea de que mis diseños ya habían conquistado el mundo humano.
Y Mateo... Mateo estaba dispuesto a ver cada parte de mí.
Una vez me había lamido suavemente la nuca, susurrándome al oído. —Mi Reina, tus joyas pueden comandar el deseo humano. Ese es un te