Capítulo 5
Al abrir los ojos, lo primero que vi fue el techo blanco del hospital.

Yacía en la cama, conectada a un respirador, incapaz de moverme.

El suave pitido de los monitores era el único sonido perceptible en la habitación.

Pronto llegaron médicos y enfermeras, sus rostros iluminados de alivio al verme consciente:

—¡Logró sobrevivir a pesar de todo! —exclamó uno de los médicos—. Más de una docena de huesos fracturados, órganos comprometidos, un aborto espontáneo con hemorragia severa... ¡Es un milag
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