Al abrir los ojos, lo primero que vi fue el techo blanco del hospital.
Yacía en la cama, conectada a un respirador, incapaz de moverme.
El suave pitido de los monitores era el único sonido perceptible en la habitación.
Pronto llegaron médicos y enfermeras, sus rostros iluminados de alivio al verme consciente:
—¡Logró sobrevivir a pesar de todo! —exclamó uno de los médicos—. Más de una docena de huesos fracturados, órganos comprometidos, un aborto espontáneo con hemorragia severa... ¡Es un milag