En medio de aquel delirio doloroso, mis recuerdos con Juan vinieron a mí como escenas de una película.
No siempre fue así conmigo.
Él era el hijo bastardo que todos despreciaban, y hubo un tiempo en que era el saco de boxeo de los jóvenes ricos.
Mi abuelo y yo lo encontramos medio muerto en un callejón, y lo llevamos a casa para darle su primera comida caliente en días.
Mi abuelo no pudo evitar sentir lástima cuando lo vio, magullado y sangrando, intentando ordenar con torpeza los cuadernos