—¡Y mi tía es ginecóloga! —continuó la chica tímida, ahora con voz firme—. Le hizo un aborto a Ana. ¡Reconoció su carné estudiantil! Pueden verificar los registros del hospital.
El salón estalló en murmullos. El rostro de Juan se volvió más oscuro que una noche sin luna.
Nunca imaginó Juan que su amor hubiera tenido tantos secretos ocultos.
Cerraba las manos tan fuerte que temblaba, negándose a aceptar la verdad.
Ni yo misma creí que su amor por Ana sobreviviría a esto.
—Aunque fueras inocente