Golpeo el timón una y otra vez, mientras unas cuantas lágrimas escapan de mis ojos, observo las calles desiertas y a través de algunas ventanas puedo ver a las familias reunidas para celebrar la Navidad, la cual debería de estar celebrando con él que era mi prometido, si no fuese porque el muy bastardo rompió nuestro compromiso por medio de un mensaje devastador hace unas cuantas horas.
Aparco en un lugar un tanto oscuro, donde la única luz procede de un enorme letrero con luces neón, suelto un