—Y te aseguro que experimentaremos más cosas juntos, Angela —le comento, deshaciéndome de la correa que adorna su cuello y por último las pinzas que ejercían presión en sus rosados pezones, los aprieto un poco, por lo que se remueve un poco—. ¿Te duelen?
—Los siento un poco sensibles.
—Sé cómo solucionar eso.
Acerco mis labios hasta ellos y con mucho cuidado paso mi lengua por ellos, para después succionarlos un poco y dejar un pequeño beso en ellos, mis labios comienzan a descender hasta llega