Cuando Johnny sale de la habitación, me envuelvo en la sábana y me levanto ignorando el temblor de mis piernas.
—¡Maldito Johny! —exclamo cuando casi me voy de bruces, por suerte me alcanzó a sostener de la orilla de la cama.
—Te dije que te temblarían tanto las piernas, que por tu mente solo pasarían los recuerdos de lo que hicimos anoche —escucho su voz en la pequeña salita seguida de una contagiosa risa, la cual calienta mi pecho y sin poder evitarlo sonrió ante el recuerdo.
Cuando llegó has