—Eres muy dulce Chantal —me dice relamiéndose los labios, se levanta hasta acercarse a su pantalón y sacar de su billetera un paquetito plateado, el cual rasga para después colocarse el condón, todo esto bajo mi atenta mirada.
Sube a la cama y se acomoda entre mis piernas, comienza a penetrarme lentamente, pero cuando se da cuenta de que le cuesta un poco de trabajo sus ojos me miran con sorpresa, como no deseo que se arrepienta, enredo mis piernas en su cintura y lo pego más a mí al mismo tiem