Deseo prohibido parte 8

—Te deseo Caleb.

—Hace un rato decías que estabas agotada.

Ignora mi comentario y toma mi mano libre, la cual lleva hasta su dulce intimidad, donde mis dedos se dejan arrastrar como si tuviesen vida propia y se adentran en ese lugar ya conocido, dándome la bienvenida como a un viejo amigo.

—¡Por Dios Caleb! Nunca tendré suficiente de ti —comenta moviendo sus caderas al son que mis dedos le marcan y colocando mi otra mano en su seno, el cual aprieto ligeramente.

Cuando estoy por mover mis dedos
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