-No Layan, dije que no.
La voz que se escuchaba acercándose al castillo del alfa llamó la atención de todos.
-Sí, preciosa, sí. Ya esperé mucho y ya que no quieres cooperar pues es hora de imponente como tu pareja, aunque sea una vez- y la voz de Layan acompañaba la impresión.
Algunos guardias se corrieron para ver a su alfa caminar hacia la entrada con una loba cargada sobre su hombro que se removía molesta. Y ese cabello negro con un brillo inigualable y esa forma de hablarle a su alfa, solo