Priscila jadeó, apretando entre sus manos, con fuerza la tela debajo de ella que estaba sumamente húmeda. Su boca abierta, de donde salían hilos de saliva y gemidos estaba sumamente roja y llena de puntos de sangre después de ser mordidos y punchados por colmillos y no precisamente de ella.
Su cuerpo entero temblaba y aunque no tenía fuerza ya, y su torso estaba pegado a la cama, su cadera aún estaba alzada. Un agudo gemido se escuchó de sus labios acompañado por el sonido de la piel siendo gol