El eco del segundo estruendo aún vibraba en las paredes cuando todo quedó en un silencio extraño, denso, como si el aire mismo se hubiera congelado. Algunas mujeres se habían llevado las manos al rostro, y los hombres corrían sin saber hacia dónde.
Lo que antes era una fiesta, se había convertido en una cortina de humo.
—¡Ayuda! ¡Alguien quedó atrapado! —gritó una voz desde lejos.
El primero en reaccionar fue Damián. Con un movimiento brusco tomó la lámpara de emergencia y salió corriendo hac