No sé cuánto tiempo ha pasado, la única razón por la que sé que sigo viva es debido a que el dolor y el suplicio están destinados al sufrimiento largo. Me agota tanto que no puedo gritar, maldecir, menos aún intentar defenderme, aunque sea por puro instinto. Mi ancla para mantenerme cuerda en este mundo de mierda son las lágrimas, pues me esfuerzo demasiado por no dejar que caiga una sola.
Escucho las voces amortiguadas e inentendibles, son desesperadas, un tono sombrío pinta en ellas mientras