Mi obsesión es tal que sigo intentando con todas mis fuerzas llegar a su herida. Sigue escurriendo sangre, sin embargo, el dragón mueve su brazo de forma que el líquido rojizo no cae el suelo, se mantiene en su piel. Mis latidos son frenéticos, mis jadeos desesperados, suelto un sollozo debido al esfuerzo excesivo que hago por llegar a él y mis quejidos de impotencia suenan tan… Agudos que por momento siento que son más que nada gemidos.
—Es suficiente —me dice en un ronroneo que parece quere