Una mano en su hombro y la voz de Marcella la despertaron. Era una pena porque en su sueño podía ver a Franco levantándola en sus brazos y sonreían mientras entraban a la cabaña donde habían pasado sus días más felices juntos como pareja.
Abrió sus ojos y se encontró con la mirada llena de disculpa de la azafata. Entonces recordó todo lo que había sucedido.
—Señorita, lo siento, pero en pocos minutos el avión aterrizará —ella asintió. Marcella le ayudó a reincorporarse.
Quizás se preguntarán: ¿