—Sí. —Respondió él mientras rascaba su cuello. Ella esperó un poco más antes de hablar, unos segundos después decidió acabar con su sufrimiento.
—No estoy molesta. Solo me sorprendió que mi primo no me las ofreciera a mí. No quería que las comprara alguien con el que fuera muy difícil de tratar. Ahora entiendo por qué no me quiso decir a quien se la había vendido cuando me llamó para darme la noticia.
—Le pedí que no lo hiciera, quería decírtelo yo mismo. —Él rodeó su cintura abrazándola por d