Lorenzo había pensado que jamás volvería a escuchar el nombre de Choi. Que equivocado estaba. Jamás había sentido tantas ganas de destruir a alguien con sus propias manos. Las pruebas que Leandro había puesto delante de él, mostraban sin ninguna duda que Choi había sido el responsable de la desaparición de su hijo hace más de veinte años.
Por un lado, se sentía aliviado porque ese desgraciado estaría en una cárcel en Corea por 25 años y era probable que por su edad no salga vivo de ahí, pero nu