Voy manejando hacia la empresa de mi padre, esa que no pisaba hace casi seis años...
—Deja de arreglarte esa corbata, te ves presentable— me gruñe mi copiloto moviendo el cuello de su camisa como si solo a mí me molestara.
—No me molestes, idiota. Mira que tengo demasiado sueño para aguantarte a ti en el día de hoy.
—Oh…— el idiota, suelta una risita queda y mueve sus cejas para seguir molestando—. Así que tocó…
—No… idiota y eso me preocupa.
—Y eso ¿Por qué? Es lo más natural del mundo que una