Por Daniel Reed
Ya creo que me estaba acostumbrando a ser un masoquista de mierda.
Así que heme aquí al lado de la madre de mis hijos acariciando su mano y esperando que despierte cuál bella durmiente.
—Sabes algo. Ese día que te vi en la clínica me pareciste el ángel más hermoso que había pisado en esta tierra, tus ojitos te mostraban tanta pena y tanto dolor que quise correr a tu lado y abrazarte, pero yo no era nadie en tu vida y tampoco podía serlo. No era más que un enfermero que pasaba p