Los días habían pasado con rapidez desde lo ocurrido en la biblioteca, pero la inquietud seguía en el aire.
Demián, Joy y Esdras habían mostrado un profundo arrepentimiento por lo sucedido. Ninguno de ellos recordaba cómo habían quedado dormidos en medio de su guardia. Y aunque intentaron justificarlo con cansancio o descuido, yo sabía que no era casualidad.
Era obra de aquella mujer.
Había jugado con nuestras mentes, manipulando la realidad a su antojo. Y si había logrado neutralizar a tres