Salimos de la oficina de Mónica con el peso de la conversación aún sobre nosotros. El aire afuera se sentía más frío que antes, o tal vez era la sensación de haber sellado un destino que, hasta ahora, no parecía real.
Apenas habíamos avanzado unos pasos cuando Aldrec me detuvo.
—¿Cómo pudiste hacer ese trato?
Su voz estaba cargada de frustración, pero más que eso, dolor.
Me giré para mirarlo y vi su mandíbula tensa, sus ojos ardiendo con una mezcla de enojo y algo que no quería reconocer com