El hotel era una jaula dorada, con sus cortinas de terciopelo y candelabros de cristal. La cama, inmensa y cubierta de sábanas de seda, estaba desordenada, los cuerpos de Stephanie y Ethan entrelazados con el suyo en una coreografía vacía.
Ella no sentía nada.
Los observaba con desdén mientras sus dedos se deslizaban por la piel de Ethan, sintiendo el escalofrío que recorría su espalda. Él, tenia sus labios pegados en su vagina, su lengua dando vueltas por su clitors, mientras el vibrador penet