El humo todavía flotaba en el aire cuando Oriana logró recuperar el control de su respiración. La oficina estaba sumida en un caos de murmullos nerviosos y empleados aturdidos que intentaban asimilar lo ocurrido. Pero ella solo tenía una preocupación en mente.
La carta.
Sabía que no había sido una simple visión. Ella la tenía. La había visto sosteniéndola en medio del fuego, con esa expresión burlona que la atormentaba desde hacía siglos.
Gabriel se acercó a ella con el ceño fruncido, sus ojos