Después de la intensa visión que la había sacudido, Oriana permaneció con el collar entre sus manos, sintiendo una energía sutil vibrar contra su piel. Gabriel la observó con cautela, consciente de que aquella joya tenía un significado mucho más profundo de lo que imaginaba.
No entendía cómo no la había reconocido antes. Era imposible que no la hubiese notado, que no hubiese sentido su importancia. Se percató de que, probablemente, algo—o alguien—había nublado su percepción, impidiéndole ver lo