La noche se extendía sobre la casa de la playa, cubriéndola con una calma engañosa. Dentro, Oriana se encontraba en el sofá con una copa de vino en la mano, observando el reflejo de la luna sobre el mar. Aunque el altercado con Stephanie había quedado atrás, la sensación de inquietud se mantenía en su pecho.
Gabriel apareció detrás de ella, envolviéndola en sus brazos, su mentón apoyado en su hombro.
—Sigues preocupada —susurró, dejando un beso en la curva de su cuello.
Ella cerró los ojos por