La noche llegó lentamente y la cena pasó entre risas, anécdotas y pequeños momentos familiares que llenaban la enorme casa de vida. Marcus observaba a sus pequeños sentados a su lado y, por primera vez en mucho tiempo, sentía esa tranquilidad cálida que tanto había buscado. Ver a sus hijos felices, relajados y compartiendo con su familia le hacía sentir que todo comenzaba a acomodarse en el lugar correcto.
—Papi, abuelita nos cocinó cada día, ella cocina muy rico.
Marcus sonrió mirando a Margar