Las cuatro mujeres llegaron a la cafetería del edificio entre risas. Era un lugar elegante, con enormes ventanales que dejaban entrar la luz de la tarde y varias mesas de madera clara decoradas con pequeñas macetas de lavanda. Apenas entraron, Gisella tomó el mando de la situación como si hubiera organizado aquella salida desde hacía semanas.
—Mesa para cinco, por favor.
El mesero las condujo hasta un rincón tranquilo y, una vez que todas estuvieron sentadas, Melanie seguía sin comprender qué e