Después de todo lo que habían vivido durante aquellas interminables horas, por fin las dos madres descansaban en la misma habitación. Habían decidido compartirla para acompañarse mutuamente durante la recuperación. El ambiente estaba lleno de tranquilidad, del suave llanto ocasional de los recién nacidos y de esa felicidad silenciosa que solo podía sentirse después de traer una nueva vida al mundo.
Fabiano caminaba de un lado a otro con el pequeño Vittorio entre sus brazos. No podía borrar la e