No podré parar si sigo

La hora de salida finalmente llegó y toda la oficina comenzó a vaciarse lentamente. Marcus apareció junto a Gustavo entrando a la oficina de Katrina mientras Rossy terminaba de ordenar algunos documentos.

Marcus caminó directo hacia Katrina con una sonrisa cansada pero tranquila.

—Hola, amor. ¿Nos vamos? Debemos ir por los mellizos.

Katrina levantó la vista rápidamente.

—Verdad. Vamos, amor.

Luego miró a Rossy mientras tomaba su bolso.

—Te dejo, Rossy. Puedes irte, mañana seguimos.

—Sí, señora
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