Marcus caminaba con la pequeña Micca en brazos y de la mano de Marcel cuando sintió los pasos de Katrina detrás. Se detuvo y se giró; al verla, una sonrisa real apareció en sus labios.
—Trina.
—Lamento si mis hijos sean tan intensos.
—Son perfectos, Trina. Tienes unos hijos maravillosos.
Marcel se soltó de la mano de Marcus para tomar la mano de su madre.
—¡Vamos, vamos, tío Marcus! Quiero que veas mi unicornio. — Micca hablaba impaciente.
—Vamos, princesa.
Caminaron hacia las caballerizas. Mar