La mañana había llegado soleada. El aire primaveral llenaba la ciudad y, por primera vez en varias semanas, Katrina podía disfrutar del paisaje más allá de las ventanas de la mansión. Marcus conducía con tranquilidad mientras ella permanecía mirando el exterior. Los árboles comenzaban a cubrirse de hojas nuevas, las personas caminaban relajadas por las calles y una suave brisa hacía bailar las flores de los jardines. Después de tantos días encerrada entre cuatro paredes, aquella vista era casi