Fabiano conducía por las calles de París con una calma que no sentía por dentro. La ciudad se desplegaba frente a ellos con su belleza habitual: cafeterías llenas, gente caminando sin prisa, el sol iluminando las fachadas antiguas… pero dentro del auto había un silencio distinto.
Victoria iba a su lado, mirando por la ventana, no decía nada, no preguntaba nada, solo miraba, pero Fabiano… no podía dejar de mirarla a ella.
Sus manos se aferraban al volante, pero su atención volvía una y otra vez