La mañana siguiente llegó con un sol hermoso. Fabiano se había levantado temprano solo para mirar el jardín de al lado, a ver si tenía la suerte de ver a Victoria. Después de una hora de espera, la puerta se abrió.
Gerald salió, tomó aire, puso una frazada en el columpio del pórtico, una almohada y algunas cosas más. Luego volvió a salir, pero esta vez con Victoria en sus brazos. Se sentó con ella en sus piernas. A lo lejos, Fabiano podía ver que le hablaba. Puso la frazada sobre sus piernas y