Miguel y Marco caminaron en silencio por el jardín. La brisa fresca de la noche movía suavemente las hojas de los árboles mientras las luces de la mansión quedaban cada vez más lejos. Durante unos segundos ninguno habló. Habían pasado demasiados tiempo desde la última vez que estuvieron frente a frente sobre todo despues de la pelea por Miriam.
Miguel fue el primero en romper el silencio.
—Vine con Miriam.
Marco asintió con una pequeña sonrisa.
—Lo sé. También sé que está embarazada. Te felicit