Fabiano llegó al altar del brazo de Katrina. Caminaban despacio mientras todos los invitados se ponían de pie. Marcus ya los esperaba en su lugar como testigo del novio. Vestía un impecable traje negro y, al ver acercarse a su esposa, no pudo evitar sonreír con orgullo.
Katrina soltó lentamente el brazo de Fabiano y acomodó con cariño el cuello de su chaqueta.
—Ya es hora.
Fabiano tragó saliva y asintió.
—Sí... ya es hora.
Katrina le regaló una sonrisa tranquilizadora antes de caminar hasta Mar